
Entre juegos, risas, abrazos y momentos de calma, recorrimos el Parque Japonés con ojos curiosos, observando los peces, las aves y la belleza de la naturaleza que nos rodeaba.
El yoga infantil también se aprende así: jugando, explorando, compartiendo y descubriendo, con alegría y mucho amor, que cada momento puede convertirse en una hermosa oportunidad para crecer.
Gracias a cada niño y a sus familias por llenar este día de tanta luz.



